I Aniversario de la apertura de la causa de beatificación de la Sierva de Dios Laura Aguirre

El 7 de octubre de 2019 se abría oficialmente la causa de beatificación de la Sierva de Dios Laura Aguirre con una misa solemne en la Parroquia de la Encarnación de Álora. La fecha coincidió con el día de la Virgen del Rosario, devoción a la que era muy fiel la Sierva de Dios. En  el próximo miércoles 7 de octubre se cumple un año de esta fecha. Para conmemorar este hecho y dar gracias a Dios por los frutos de este año de desarrollo de la causa, celebraremos la eucaristía en la iglesia de la Veracruz, a las 19:00 h. Guardando las debidas precauciones, os animamos a todos a asistir y a que compartáis esta convocatoria.

La Sierva de Dios Laura Aguirre y la Divina Providencia

La Sierva de Dios Laura Aguirre (Madrid, 1901- Álora, 1986), cuya causa de beatificación sigue avanzando con paso lento pero seguro, tuvo como una de las constantes de su biografía y su labor, como uno de los fundamentos de su vida espiritual, la idea de Divina Providencia y su confianza en ella.

Por los testimonios de la gente que la trató, por los recuerdos de muchas personas sabemos que su abandono, su confianza en la Providencia fue una constante y un mensaje que ella continuamente transmitía, con su palabra y su ejemplo, a aquellos con los que convivía.

Desde su  llegada a Álora en 1950, hasta el final de su vida, en 1986, toda su labor va a tener un sentido rectilíneo, como un arco que dibuja una línea limpia y bien trazada. El punto firme que sostiene esta bóveda es la confianza en la Divina Providencia. Toda su labor en estos 36 años tiene como constante la carencia de recursos materiales, la falta de un local definitivo para su obra (lo que provocó sus continuos traslados), la falta incluso de un grupo estable de colaboradoras que pudiera llevar a cabo una labor tan compleja con un grupo de niñas que, desde el primer momento, va creciendo. Frente a estas carencias, estas dificultades que hubieran vencido a cualquiera, ella recurre a la confianza en Dios y en su Providencia, invocada, contemplada en una continua vida de oración. Esta confianza la convierte en una persona serena, sosegada que raramente parece inquieta ni pierde los estribos, aunque en su vida y sus circunstancias había muchas razones para perderlos.

Cuando comienza  su labor con las niñas no tiene nada (materialmente hablando). Le ceden el bajo de una casa en la parte antigua del pueblo y allí se instala con las 5 primeras niñas. Una testigo presencial cuenta que, al salir de misa (la casa estaba enfrente de una de las entradas de la Parroquia) fue a visitar el local con unas amigas y se quedó sorprendida de la pobreza que allí vio, de la escasez de muebles y enseres. Las camas eran unos pobres jergones de sayo echados sobre el suelo.

La Providencia, teniendo como medio a la buena gente del pueblo que colabora con su causa, hace que al grupo de niñas, que va a ir creciendo rápidamente, no le falte lo necesario, aun en su estilo de vida sobrio y en el contexto de una época de escasez general.

Su labor va  a estar siempre al filo de la necesidad, siempre sin saber qué va a pasar mañana. Se sostiene por pequeñas donaciones en especie (la gente del campo le aporta patatas, harina, fruta…)  o bien en dinero. Desde las familias más acomodadas del lugar, a la gente más humilde, cada cual según sus posibilidades, todos colaboran. Además, hay un grupo de mujeres que ayudan voluntariamente a los trabajos de la residencia: lavar, coser, cocina… Parece que la Providencia moviliza a todo el pueblo y los pone al servicio de la obra de Laura.

Contaré un par de anécdotas, de los muchos testimonios que han quedado en la memoria de la gente de Álora.

Estando en el santuario  de Flores, antiguo convento franciscano, Laura se dirige al pueblo, que está a un par de kilómetros, para  comprar comida para las niñas. Va con Trini, una chiquilla que suele acompañarla y llevan un borriquito que ha prestado un amigo, que les sirve como medio de transporte. Laura le confiesa a Trini que no llevan ningún dinero. Trini se pregunta, extrañada, que cómo van  comprar. Laura, como siempre, mantiene la serenidad y  la confianza. Cuando llegan al pueblo, Laura deja a Trini con el borriquito y entra a rezar en la iglesia de la Veracruz. Cuando sale, Trini pudo ver, asombrada, como un señor se acercaba a la Señorita Laura y le daba un donativo para sus niñas.

En otra ocasión, también en su época del convento de Flores, sus colaboradoras le dicen que no tienen nada de comida. Ella contesta con la frase que siempre repite: “Dios proveerá”. Luego se va a rezar al santuario. En poco tiempo, unas manos anónimas,  dejan en la puerta comida. Su sobrino Lorenzo Baquera, que estaba de visita en la residencia, es testigo de este hecho sorprendente.

Elige para su obra un nombre significativo, que habla por sí solo del talante y estilo de su vida: “Providencia Parroquial Virgen de Flores”. Parroquial porque ella nunca pretendió otra cosa que ser una modesta colaboradora de la Parroquia; la advocación mariana porque siempre estuvo acogida a la intercesión de la Madre, que en Álora toma el dulce nombre de Flores; y Providencia, que fue en ella una idea capital que le acompañó toda su vida como un manto protector. La actitud de la Sierva de Dios ante las necesidades y adversidades  me recuerda el comentario que hace el padre Royo Marín (en su obra La oración del Señor) sobre el Padre Nuestro. Pedimos “el pan nuestro de cada día”. Esto es, que se nos dé hoy lo que necesitamos; no la solución definitiva a nuestras necesidades materiales. “Hoy”, pero no “siempre”. Si hoy salimos del paso, ya tenemos lo suficiente para seguir adelante. Mañana, pasado, en el futuro… “Dios proveerá”.

Señorita Laura Aguirre, testimonio a imitar

23 de febrero de 2020, celebrarían el cumpleaños de la reconocida con cariño “Señorita Laura”. Quien habría nacido el 23 de febrero de 1901. Nuestra llegada el 18 de febrero del 2020, año de la pandemia del Sars Cov 2.0, quien iba a pesar nos tocara vivir el comienzo de esta situación mundial de salud, una pandemia. 

Comparto desde lo que las sensaciones me provocaron, ahora las hago consciente; quise llegar, como alguien sin piel, desollado, sentir, oír, ver, oler, gustar todo lo que me rodeara, y con ello, conocer y comprender lo que más pudiera. La impresión que tuve al saber de la “Señorita Laura” me dejó una grata sensación, los breves momentos, pero tan profundos, en la Eucaristía que presidió el padre Juan de Jesús Báez Torres, pude entender la profundidad y trascendencia que dejó impresa la alegría no solo de estar ahí los ancianitos y ancianitas de ser atendidos en esa casa de descanso, donde eran visitados por familiares y amigos, pues, por la pandemia se restringió esa posibilidad, sino del gusto, serenidad y gratos recuerdos a pesar de las dificultades enfrentadas en tiempos difíciles, ya que la Señorita Laura se confiaba en la Providencia, en la oración ante Jesús Sacramentado. 

Recuerdo a Pepita Bueno, quien falleció unas semanas después, con más de 100 años de edad, el gran gozo, de haber conocido a la Señorita Laura, todas las historias anecdóticas que habrá compartido todo el tiempo ahí, del testimonio de alegría, gozo y dificultad que habrían vivido al lado de la Señorita Laura. 

Leonardo de Jesús Hernández Morales, quien me acompañó, desde México, le toco convivir en el momento de las sopas perotas, y me compartió el gusto que se disfrutan al lado de los residentes de la Casa Providencia. 

María Ángeles López, nos mostró, el pequeño museo ubicado en el Santuario de Flores, donde se compila, tanto objetos como manuscritos de la Señorita Laura, en un proceso de catalogación. Entre los escritos hay signos de la buena administración de los recursos, además en una chalina de su pertenencia se encuentra un cabello, que podría ser considerada una reliquia de primer grado. 

Soy el presbítero Mariano Isaías Montiel Acosta, de la diócesis de Nezahualcóyotl, México. Tuve la oportunidad de ir a Álora a una experiencia pastoral por seis semanas, por la pandemia, estuvimos once semanas. Leonardo de Jesús Hernández se animó acompañarme. Llegamos el 18 de febrero y regresamos a México el 12 de mayo de 2020. Nuestra experiencia se enriqueció al conocer los sitios donde la Señorita Laura dejó su testimonio de vida cristiana que fue más allá del conocimiento de la fe y de la esperanza de las niñas que cuidó, el amor a Dios la mantuvo en pie en tan valiente tarea. Se le recuerda con alta estima y, se le imita, pues su motivo fue la certidumbre que en Cristo Jesús esta la felicidad plena. Tantas personas, hombres y mujeres le tienen muy presente y devoción. 

Que por su intercesión esta comunidad parroquial no solo sepa de ella, sino mantenga en sus sentimientos de cariño cristiano que tuvo a las niñas la Señorita Laura y sea motivo de continuidad como me lo han dejado ver en su devoción en la Semana Santa, que se vivió en cada hogar acompañados de los Santos Oficios por Don Juan de Jesús Báez Torres, un servidor y Leonardo de Jesús quien se encargó de la transmisión por el facebook parroquial a todos los hogares en el confinamiento por el llamado Coronavirus 19. 

Que el reconocer las virtudes de la Señorita Laura Aguirre nos haga mejores cristianos.
Que la Señorita Laura Aguirre interceda para que los niños y niñas conozcan del amor de Dios.
Que el pueblo de Álora tenga una Santa, la Señorita Laura Aguirre.
Para la gloria de Dios y bien de nuestros pueblos.

En Jesús que nos une. 
Pbro. Mariano Isaías Montiel Acosta

Cómo era Laura Aguirre. Perfil psicológico y personal

¿Cómo era la Sierva de Dios Laura Aguirre, según los recuerdos y testimonios de los que la conocieron y trataron?

Era, de entrada, una persona correcta, seria, educada. Se le notaba la distinción y la cultura, aunque ella no hiciese ostentación de esto. Este tratamiento de “señorita” que la gente de Álora le da espontáneamente  y que todavía mantiene indica como se la consideraba un persona socialmente distinguida.

Cuidadosa con su ropa y con sus objetos de uso, aunque fuesen viejos y deteriorados. Uno de los testigos cuenta como reparaba sus viejos zapatos poniendo un trozo de cartón como suela. En las fotos que conservamos siempre tiene un aire distinguido aunque lleve ropas viejas y desgastadas. Tenemos testimonios de que ella arreglaba, lavaba y se ocupaba de su ropa, así como de su habitación y de sus enseres.  Cubierta con su vieja toquilla y con ropas que tenían un largo uso parecía una persona que destilaba distinción  y una cierta elegancia.

Daba siempre sensación de tranquilidad, de paz, de no tener prisa. Muchos de los que la conocieron repiten la palabra “dulzura”. Mantiene la serenidad en los momentos difíciles que, a lo largo de su vida, son muy numerosos.

Otro rasgo que siempre la caracterizó es la modestia, la humildad. Suele situarse en segundo plano, sin tomar protagonismo. Un dato curioso es que, revisando las fotos de la inauguración de la residencia, no aparece ella que, de alguna forma, era la protagonista del acto. Cuando la cofradía de Dolores la nombre camarera de honor, ella dice que no sabe cuál va  a ser su función. Los hermanos de la cofradía le contestan con que basta con que acuda cada año a ver a la Virgen antes de su salida procesional; entonces ella le contesta que lo que hará será rezar por ellos, ya que “es lo único que sé hacer bien”.

Transmitía cariño. Una de sus “niñas” dice que hablando con ella se sentía escuchada, se sentía como una persona a la que se tiene en cuenta. Sin embargo no era lo que se entiende por una persona expresiva o zalamera. Era raro que se acercara a besar o abrazar a alguien.

No era dada a expresar sus sentimientos de forma ostensible. Algunas de sus niñas cuentan que sólo la vieron una vez llorar, cuando se le comunicó que el convento de Flores no era para su obra, sino para la escuela de magisterio rural.

Cabe decir, después de recibir el testimonio de muchos testigos, que Laura era una persona que poseía eso que llamamos carisma. Hay, en efecto, personas que poseen algo difícil de definir y que atrae a los demás, lo hace objeto de la confianza y estimación de los demás. Hay personas que son seguidas, imitadas; que tienen capacidad de movilizar  a sus semejantes en cierta dirección. Trazan el camino por el que los demás transitan.

TNC cuenta como ella, siendo una niña pequeña, se sintió atraída por Laura . Iba a misa para verla allí.  Se acercaba a ella, intentaba hablarle. Dice que quería estar con ella, “ser como ella”. Era su modelo. Por esta causa, pide a sus padres permiso para entrar e el colegio. Se trata de una de las pocas niñas, quizá la única, que ingresó en el colegio de forma voluntaria, por propia iniciativa.

DRF cuenta una historia que tiene con la anterior algunos puntos comunes. Su abuela era amiga y colaboradora de Laura. Acude algunas tardes al colegio y tiene con ella un rato de charla. A ella le encantaba ir con su abuela  por ver a Laura, por estar cerca de ella. Recuerda que para ella era una sensación grata. El roce con su cara le producía una sensación de ternura, de suavidad que no ha olvidado.

Hay en el carisma un innegable factor físico. Las personas carismáticas  transmiten su “magia” con la presencia, con el roce. JDB, siendo un niño iba al santuario de Flores de la mano de Laura y hoy, más de 60 años después, recuerda el tacto de su mano delgada y huesuda; lo recuerda como una viva impresión.

Existen varios testimonios de personas que la besaron después de muerta.  AMC cuenta como no besó a su madre y sí beso el rostro sin vida de la Señorita Laura.

La persona carismática sabe trasmitir confianza en los demás. AMC se extraña de que su padre, que tenía ascendencia gitana y un concepto muy marcado de la familia, confiara en Laura entregarle la educación de varias de sus hijas. MB, una trabajadora de la casa, tuvo varias veces la tentación de abandonar el trabajo, acuciada por los problemas que provocaban las niñas. Laura la convencía con suavidad. Le decía: ¿Dónde vas a hacer tú un servicio como aquí? ¿Dónde vas a hacer tanto por los demás? Al final, siempre terminaba convenciéndola con dulzura, con suavidad, sin grandes aspavientos.

Desde un principio el proyecto de Laura se mantiene por la ayuda de muchas personas que hacen pequeñas aportaciones. Hay colaboradoras que iban, casa por casa, pidiendo alguna ayuda. MJB cuenta que en ninguna casa le ponían mala cara. La  gente daba lo que podía, que en aquella época solía ser poco, incluso en zonas pobres del pueblo. Hasta personas de conocida ideología izquierdista y anticlerical tenían una buena opinión de Laura y colaboraban con el colegio.

Toda su obra se basa, desde un punto de vista espiritual, en la confianza en la Providencia y el servicio a los demás. Desde el punto de vista humano, es el carisma personal lo que mantiene su proyecto en pie. Y subrayo lo de “personal”. Aunque tiene un grupo de colaboradoras beneméritas, que trabajan con ella estrechamente y con abstracción, en todo momento se establece una clara diferencia entre ellas y Laura. Algunas de las niñas confiesan: “La señorita X era muy buena, yo la quería mucho, pero… no era igual que Laura; ella era era otra cosa”.

Quizá este personalismo, esta centralidad de su carisma provoca que su obra, desde el punto de vista institucional no tiene continuidad. La Pía Unión que ella funda, se extingue cuando muere la señorita Socorro Ruiz, que fue su segunda superiora. La Pía Unión llega a tener un reducido número de colaboradoras y no hubo nuevas incorporaciones. Al final de su vida, el proyecto de las niñas es sustituido por el de los ancianos. Hay un enorme contraste con la profunda huella que dejó en muchas personas (influencia espiritual, educativa, material) y el corto recorrido de su proyecto institucional. Su carisma personal sostenía el proyecto  y, sin él, no pudo continuar, aunque sí continúe hasta hoy la onda expansiva de su santidad en tanta gente que la trató, aunque sí siga germinando en tantas almas esa semilla plantada por ella.

Celebración del nacimiento de Laura Aguirre

La Sierva de Dios Laura Aguirre nació en Málaga el 23 de febrero de 1901.  De esta efemérides hace 119 años. Recordando esta acontecimiento, cada año en la Residencia Virgen de Flores, que ella fundara con ayuda de todo el pueblo, se comemora esta fecha.

Primero se compartió una sencilla comida entre los residentes y colaboradores: las sopas perotas, típico plato del lugar. Junto con residentes y colaboradores, los miembros de la Asociación y algunas de la “niñas” de Laura, tuvimos un rato de agradable convivencia y charla, donde no faltaron los recuerdos y, por supuestos, los proyectos que queremos abordar en este año que comienza.

A las 17.00 h. celebramos la eucaristía en la capilla de la residencia.  Presidió D. Juan de Dios Torres, párroco de Álora y director espiritual de la Asociación y concelebró D. Mariano Isaías Montiel Acosta, sacerdote de la diócesis mexicana de Netzahualcoyotl. En el momento previo, la vicepostuladora Ángeles López Gutiérrez depositó, en nombre de todos, un ramo  de flores delante de la tumba de la Sierva de Dios, que se  encuentra a la izquierda del altar de la capilla.

Son varios los años en los que se celebra este acto conmemativo, este este 2020 ha tenido una significación especial, al ser el primero después de la apertura de la causa de beatificación.

Conmemoración del XXXIII Aniversario de la muerte de Laura Aguirre en el Santuario de Flores

En último día del año 1986, en la Providencia Parroquial Virgen de Flores que ella fundara, entregó su alma al Señor la Sierva de Dios Laura Aguirre (Señorita Laura), después de una vida de sacrificio y servicio a los demás. Muchos años antes, el último día del Año Santo de 1950, comenzaba su labor con las “Niñas”.  Se trata, pues, de una fecha muy importante en su biografía.

Para conmemorarla, dar las gracias a Dios por la apertura de su causa y pedir su intercesión, La Asociación Probeatificación Laura Aguirre, junto con la Parroquia de Álora y la Hermandad de la Virgen de Flores (patrona de Álora) ha organizado una eucaristía, que se ha celebrado en la ermita de la Virgen de Flores. La Sierva de Dios tuvo una estrecha relación con este lugar, ya  que en el antiguo convento franciscano que había anexo a la ermita vivió con sus niñas varios años. Ella sin duda desarrolló una gran devoción por esta advocación mariana y, según cuentan muchos testigos, pasó delante de la Virgen muchas horas de oración; a veces aprovechando la noche, cuando todas descansaban. Luego, para la residencia que se construyo para su obra, eligió el nombre de Providencia Parroquial Virgen de Flores. A pesar de la fecha festiva y del mal tiempo, la ermita, que se encuentra a 2 kilómetros del núcleo urbano, estaba repleta de personas. Este XXXIII tiene para todos algo especial, ya que es el primero que se celebra después de la apertura de su causa.

Una anécdota de la Srta. Laura

Laura Aguirre Hilla (la Señorita Laura) es una malagueña ilustre y, todavía, desconocida por muchos, nacida en Málaga en 1901 y fallecida en la ciudad malagueña de Álora en 1986. ¿Ilustre por qué?, se preguntarán muchos lectores. ¿Esta señora fundó alguna institución importante, escribió libros, atesoró un gran patrimonio, ocupó puestos relevantes? Nada de eso. Esta mujer pasó los casi 85 años de su existencia terrena sin hacer ruido, ocupando siempre el lugar menos ostentoso y yo diría -por lo qué cuentan los que la conocieron- sin levantar la voz ni perder la compostura. Y, sin embargo, dejó en los demás la impresión de esa cualidad difusa, pero impactante y misteriosa, que llamamos santidad. Por ello el Obispado de Málaga abre su causa de beatificación el 7 de octubre de 2019, día de la Virgen de Rosario, práctica piadosa de la que ella era tan devota.

Voy a contar una anécdota de la Sierva de Dios (ahora podemos llamarla así), que creo la retrata bien.

Laura acostumbraba a viajar frecuentemente a Málaga desde Álora, donde tenía su escuela de niñas. El motivo de tales viajes era recaudar fondos para sus niñas. Laura visitaba a sus familiares y amigos, gente acomodada, y los invitaba a compartir con caridad; o, dicho en términos profanos, les “daba un sablazo”.

Un día iba a Málaga acompañada por María,  una fiel  colaboradora. Hacían su viaje en tren. La Señorita Laura llevaba unos zapatos desvencijados, aunque limpísimos, que ella misma, como cuenta María, había reparado poniendo unos cartones a modo de suelas. Los pobres zapatos dejaban pasar la humedad y el frío y los cartones, mojados por el suelo húmedo, comenzaban a deshacerse. Un señor que sube detrás de ella al tren se ha dado cuenta. Se dirige a ella y tienen un diálogo que  según su colaboradora,  debió de ser algo así:

– Señorita Laura, ¿cómo lleva usted estos zapatos? Va a coger una pulmonía.
– No se preocupe usted, estoy bien.
– Pero, ¿no tiene usted para comprarse unos zapatos?
– Necesito el dinero para las necesidades de mis niñas; mis zapatos pueden esperar.
– Me va a usted permitir que le dé esto, para que se compre unos zapatos.

El buen señor saca de su cartera un billete de mil pesetas (lo que en aquella época era una cantidad nada despreciable) y se lo entrega a Laura. Ella, abrumada, al final lo acepta (seguramente pensando en que se lo iba a gastar en sus niñas).

María, la acompañante de Laura, que ha observado con asombro la escena, le pregunta al señor que quién es, a quién tienen que agradecer el detalle. El señor le contesta que se llama Tomás García, que es de Álora, aunque ha vivido mucho tiempo fuera, que es comunista (“un hombre muy malo, según dicen”, recuerda María que dijo) y que, además, tiene una hermana monja. No sabemos a Laura, pero a María el nombre de Tomás García le era desconocido.

Se trataba de Tomás García García, el abogado y político de Álora, diputado por Málaga, uno de los redactores de los Pactos de la Moncloa  y Consejero de la Junta de Andalucía en el gobierno preautonómico; recibe importantes distinciones, entre ellas la Medalla de Plata de Andalucía.  Cuando se retira de la política pone en marcha, en Álora,  la fundación que lleva su nombre, hoy desgraciadamente desaparecida.

Que dos aloreños tan ilustres y tan distintos coincidieran, que dos trayectorias vitales tan dispares se cruzaran en un momento, era inesperada y casi irrepetible casualidad. La Señorita Laura seguramente pensó que era “providencial”.

Dos mujeres malagueñas caminan hacia los altares

Se abre el proceso de beatificación de Laura Aguirre y Madre María del Socorro Astorga en las localidades en las que reposan sus restos: Álora y Archidona.

Laura Aguirre Hilla, alumna de Romero de Torres, joven artista con un futuro prometedor que dedicó su vida a la caridad y al cuidado de las niñas que se encontraban en extrema pobreza en Álora; y Madre María del Socorro Astorga Liceras, hija del alarife Francisco Astorga, que entregó su vida como monja mínima en el convento de Jesús y María de Archidona, van camino de los altares. Hace unos días, el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, constituyó los tribunales para sus causas de beatificación, que tienen la labor de entrevistar a los testigos y recopilar experiencias personales sobre cómo vivieron estas mujeres su fe y practicaron las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y las cardinales (prudencia, justicia, templanza y fortaleza). Ya pueden ser llamadas Siervas de Dios.

La parroquia de la Encarnación, en Álora, y la iglesia de las Monjas Mínimas en Archidona han acogido esta semana sendas eucaristías, presididas por el director del Departamento de la Causa de los Santos, el sacerdote Antonio Eloy Madueño, para dar gracias por el testimonio de estas mujeres que gastaron su vida por el Evangelio.

Señorita Laura

La señorita Laura, como es conocida en Álora, nació en Málaga el 23 de febrero de 1901. Era una artista del dibujo y la pintura y tocaba muy bien el piano. Una joven con gran preparación y futuro, que lo abandonó todo para entregarse a los más necesitados. En 1950, llegó a Álora donde «como una buena samaritana, vio en las niñas que estaban en una situación de abandono, de extrema pobreza y de carencias humanas, culturales y familiares, la imagen palpable del Cristo que sufre», afirma el director del Departamento de la Causa de los Santos. Laura murió en Álora el 31 de diciembre de 1986, en olor de santidad. La Misa corpore insepulto estuvo presidida por el entonces obispo de Málaga, Ramón Buxarrais, que comentó en su homilía una frase que escuchó a muchos vecinos del pueblo: “¡qué cacho de Gloria le habrá correspondido a la señorita Laura!”. Su tumba se encuentra en la capilla de la residencia de ancianos “Virgen de Flores”, en Álora.

El postulador de la causa de beatificación de la señorita Laura, Tomás Salas, afirma estar muy agradecido por la confianza que el párroco, Juan de Jesús Báez, y el Sr. Obispo, Jesús Catalá, han depositado en él: «es una gran satisfacción y responsabilidad. Ser postulador de una causa de beatificación es una experiencia muy interesante. Se trata de ir descubriendo la imagen de alguien que se va enriqueciendo con los testimonios que llegan hasta ti. Es como un puzzle, cada dato nuevo va enriqueciendo esa imagen total que es la de la santidad, la de una persona entregada totalmente a los demás y al anuncio del Evangelio. Además, creo que, a las personas que participamos en el proceso nos termina aportando muchísimo».

Tomás Salas destaca de esta gran mujer «su entrañable amor a las niñas pobres y huérfanas a quienes consagró toda su existencia, sus innumerables obras benéficas en Álora y alrededores, su ilimitada confianza en la Providencia, suscitaron la admiración de muchos cristianos incluso de no creyentes».

Madre María del Socorro

María Claudia Josefa de Astorga Liceras nació el 30 de octubre de 1769. Era hija del alarife, Francisco Astorga. Entró en el Convento de las Mínimas de Archidona con 30 años, en 1799. Allí falleció 15 años después, en 1814 y allí se encuentran sus restos.

En el Primer Capítulo General Nacional de la Orden de los Mínimos en España, celebrado en Alcalá de Henares entre los días 21 y 25 de mayo de 1825, en su sesión quinta, se acordó que se procediera a la correspondiente información jurídica de la madre Sor María del Socorro Astorga Liceras.

El día 5 de mayo de 1828, fray Antonio Almohalla, provincial de la orden, autorizó una comisión para que acudieran al convento de las Mínimas de Archidona y recogieran y cotejaran todos los documentos de Sor María del Socorro Astorga. El día 13 de mayo del mismo año, les fue facilitado un cajoncito de madera, donde se guardaban los escritos de la Sierva de Dios y donde se siguen guardando hoy día. El día 9 junio del mismo año, se procedía a copiar literalmente todos los escritos de la Sierva de Dios Sor María del Socorro Astorga, para adjuntarlos en su proceso de beatificación. Comenzaba así la información jurídica.

El mejor resumen de su vida, afirma Madre María Francisca, superiora del convento de las Mínimas de Archidona, es el que expusieron en el Primer Capítulo General Nacional de la Orden de los Mínimos en España, celebrado en Alcalá de Henares en 1825: «su vida ejemplar, humildad profunda, vehemencia de amor divino, obediencia ciega, continuado silencio y admirable sabiduría en sus escritos habían persuadido a cuantos la conocían de que había muerto en olor de santidad».

Madre María del Socorro entró al convento cuando contaba ya con 30 años, pero desde pequeña quiso ser religiosa. Todo parecía que se interponía en su vocación: se quedó sin madre con tres años, su madrastra falleció cuando tenía 14 años, tuvo que cuidar de su padre y hermanos, padeció diversas enfermedades, «pero el Señor le manifestó a través de una experiencia profunda que la quería como religiosa y a sus 30 años entró», explica Madre María Francisca. 

«Sus escritos son un tesoro para la humanidad», afirma con rotundidad Madre María Francisca, «en ellos se refleja la misericordia y la bondad de Dios. Están llenos de vida. Madre María del Socorro siempre decía que daría ritos para que el mundo conociese y amase al Señor. Son las ansias apostólicas del alma contemplativa a la que le duelen las necesidades del mundo entero».

Para el convento de las Mínimas de Archidona, esta causa de beatificación «es un gozo inmenso y un regalo que nos invita a profundizar más en nuestra vida. Un estímulo, pues todos estamos llamados a la santidad». Y están preparadas para recibir a cuantas personas deseen conocer el lugar donde vivió esta futura santa y donde permanecen sus restos: «sabemos que no es un regalo para nosotras, sino que es para toda la Iglesia. Y nos gustaría que el testimonio de nuestra hermana llegase a todo el mundo porque seguro que se sienten confortados. Las personas que están sufriendo, se verán reflejados en sus muchos padecimientos y dolores, y las personas que desean caminar de cara a Dios cumpliendo su voluntad, podrán ver en ella que fue su deseo  toda la vida. Todos podemos encontrar en ella una fuente riquísima donde gustar y degustar el amor de Dios», concluye la actual superiora del convento.

«Laura Aguirre es ejemplo de santidad en la vida ordinaria»

Tomás Salas (Álora, 1960) profesor de Lengua, casado y padre de dos hijos, ha sido designado como postulador de la causa de beatificación de Laura Aguirre, conocida como la Señorita Laura. Cerca ya de las fiestas de Todos los Santos, afirma que «la vida de Laura demuestra cómo una laica normal, sin llegar a hacer grandes actuaciones llamativas, desarrolla una vida santa».

¿Qué nos dice la vida de la Señorita Laura, futura santa malagueña, a los cristianos del siglo XXI? ¿Es posible la santidad?
La santidad es posible, y la sucesión de santos en la historia lo demuestra. No sólo es posible, sino necesaria, porque todos, estamos llamados a la santidad. La vida de la Srta. Laura demuestra cómo una laica normal, desde su vida particular, sin llegar a hacer grandes actuaciones llamativas, desde la humildad y el silencio, desarrolla una vida santa y así lo perciben aquellos que la conocieron. Existe, además, un matiz muy interesante: comienza su labor en Álora casi con 50 años, a una edad que en aquella época era de plena madurez. Posiblemente ni ella se esperaba comenzar esa labor con las niñas, sino que se encontró con esta necesidad y respondió a ella.

Una artista que lo tenía todo para triunfar, pero que buscó un triunfo muy distinto: el amor y la entrega a los más necesitados. ¿Entiende nuestro mundo este triunfo?
Es difícil entenderlo, yo creo que para nuestro mundo y para cualquier época. La Cruz es un escándalo (ya lo decía san Pablo) y eso desde siempre. No creo que en esta época sea más o menos difícil; es una constante histórica.

¿Qué significa para usted ser postulador de su causa?
Es una responsabilidad y una muestra de confianza de nuestro párroco y del Sr. Obispo. Es un trabajo que me enriquece, porque ir profundizando en la vida de un santo es ir conociendo la santidad, ahondar en el misterio de cómo la Gracia actúa en nosotros. Bueno, alguien lo tenía que hacer y me ha tocado a mí.

¿En qué consiste la labor de un postulador?
Hay dos partes en este proceso. La causa propiamente dicha, que la lleva el Tribunal que nombra el Sr. Obispo; y además, una labor de difusión, pedagogía, organización de actividades, edición de folletos y recordatorios, etc. Esto lo lleva a cabo una asociación fundada para estos fines. El postulador, por decirlo así, es el coordinador de este proceso. Busca testigos y testimonios, recaba y archiva documentos y datos históricos y, al mismo tiempo, impulsa la difusión y conocimiento de la Sierva de Dios; y propicia que se recojan las gracias y favores que se puedan alegar.

¿Cómo celebrar la fiesta de Todos los Santos?
Teniendo claro que el Cristianismo no postula, como las ideologías, un cambio en las estructuras sociales, sino un cambio radical en el interior de cada uno que es una respuesta a la llamada de Cristo. Eso es la santidad y a ella estamos llamados.

Una malagueña ilustre y desconocida

Conviví con la señorita Laura Aguirre Hilla durante doce años. Nació en Málaga el 23 de febrero de 1901 y fue un ejemplo de humildad y entrega a los necesitados. Miembro de una familia adinerada, hija del notario Francisco Aguirre Lerdo de Tejada, pudo ser una persona favorecida en la sociedad por la posición y cultura que tenía. Sin embargo, tras un momento crucial, decidió entregar su vida a Dios y a los más desfavorecidos, siendo la acogida de niñas huérfanas de posguerra la misión que eligió humilde y calladamente en el pueblo de Álora, desde 1950 a 1986, que fue cuando murió.

Ahora esa obra es continuada por una comunidad de religiosas que tomaron el relevo de su gran hazaña. ¡Pregunten a todos los vecinos de Álora y sus alrededores! ¡Éstos sí saben de ella! Estoy recogiendo buena parte de su historia en el libro ‘Una vida para los demás’, que continúa en periodo de elaboración.

Mujer Malagueña, ¡así! con mayúscula. Es hora de que se sepa en toda Málaga que hemos tenido entre nosotros a personas con este carisma y yo, en particular, lo quiero hacer constar en estas líneas sobre una mujer ejemplar. Debemos sentirnos orgullosos de estos seres nacidos en nuestra tierra y hacer que su luz no se apague.

Los medios recogen cualquier información; noticias de todo tipo, pero tenemos la tendencia a no dar importancia a estas personas que se dedican a hacer el bien de una manera humilde y callada, y son pocos los que se interesan por estas cosas. Hoy en día «esto no vende»…

Yo me he permitido, pues se lo debo, hablar de ella y hacer de enlace de todas esas niñas que en esos años compartimos una etapa de nuestra vida bajo su mismo techo, siendo portadoras de sus enseñanzas.

Recojamos estas, aunque con efecto retroactivo, y echemos campanas al vuelo celebrando la labor encomiable de una malagueña tan digna de mención. ¡Que se le conozca! ¡Que enseñemos a nuestros hijos que estos seres existen!

Cuando te pregunten por un ángel, ponle ese ejemplo de personas que se entregan a Dios a los demás y que, cuando se marchan, nos dejan una estela a seguir.

Debido a los años durante los que he convivido con ella no puedo impedir que en mi vida esté siempre presente. Me enseñó una frase de San José María Balaguer de la que era fiel seguidora, que me la dejó cómo tatuada. «Señor, que quien me mire te vea». Nos decía a nosotras, ‘sus niñas’: «Sois la realidad de hoy y la esperanza del mañana». Así, o con palabras similares, nos indicaba que teníamos que ser mujeres de bien.

Yo, cuando estoy con los grupos de niños, les digo algo muy parecido. Estoy convencida de que ellos serán nuestros gobernantes, sacerdotes, políticos, padres de familias, e incluso presidente de la nación… ¿por qué no? Algunos santos. Los animo a que estudien y se preparen para ello con todo su esmero, pues de ellos va a depender el bienestar del futuro. Me miran con los ojos muy abiertos como no comprendiendo su significado. Ya lo entenderán; cuestión de tiempo.

Sólo me queda por decir que a Málaga se le conozca también por la ejemplaridad de todos estos ángeles que han pasado revoloteando tan cerca de nosotros y no hemos tenido la oportunidad de conocer su maravillosa obra hecha, solo y únicamente, que no es poco, por amor a Dios y al necesitado.