Laura Aguirre, laica y luchadora

En la semana en que conmemoramos el Día de la Mujer, la Sierva de Dios Laura Aguirre (la señorita Laura) es una de las mujeres que nos ofrece la historia de la Iglesia de Málaga.

  • Laura Aguirre Hilla (conocida por todos como la señorita Laura) nace en febrero de 1901 en Málaga en el seno de un familia acomodada (su padre es notario) y de profundas raíces cristianas. Cuarta de cinco hermanos, queda huérfana de madre muy niña; luego pierde a su padre y queda a cargo de la segunda esposa de su padre.
  • Es una chica guapa, culta y distinguida. Ha estado a  punto de contraer matrimonio, pero el novio muere el día antes de la boda. Vive en Bélgica a cargo de una tía suya y vuelve a Madrid después de la guerra civil. En el Madrid de la posguerra va a realizar una gran labor caritativa con los pobres. Vuelve a su Málaga natal y se vincula al movimiento del Padre Soto.
  • Ejerce como misionera rural en varios pueblos. Llega a Álora en 1950. Allí va fundar la Pía Unión Misioneras de la Diócesis y va a dedicar la vida a niñas necesitadas, a las que acoge y cuida como una madre. Lo hace sin ningún medio material, acogida a la caridad de la buena gente, confiada en la oración y en la Divina Providencia que nunca la abandona. Además de atender a sus niñas, está pendiente de todas las necesidades del pueblo; está presente allí donde hay un enfermo, un hambriento o una persona que necesita su consejo.
  • Muere el último día de 1986 en olor de santidad. Después, su figura, su recuerdo, su semilla han seguido creciendo.
  • El 7 de octubre de 2019, día de la Virgen del Rosario (devoción a la que era tan fiel) se abre oficialmente su causa de beatificación.

Creo que no puede desvincularse históricamente el Cristianismo con el desarrollo del concepto de dignidad de la mujer y de igualdad, tan básicos, tan incuestionables en nuestra sociedad actual. Por ello, cuando el feminismo radical hace a la Iglesia blanco de sus ataques, cosa que es frecuente, no sólo comete una injusticia, sino una falacia histórica.

Un ejemplo de esta vinculación entre fe y dignidad femenina es la malagueña Laura Aguirre (la señorita Laura), cuya causa de beatificación se abrió en octubre de 2019.
Laura llega al pueblo malagueño de Álora en 1950, a la madura edad de 49 años. Detrás deja   una vida nada fácil: huérfana de madre y luego de padre; una familia dispersa, frecuentes cambios de domicilio, la experiencia de la guerra, distintos trabajos… En Álora, va a decidir la trayectoria definitiva de su vida y de su vocación cristiana: el cuidado (religioso, académico, material, humano…) de sus “niñas”; la creación de una gran familia que a ella va a tener por madre. Escoge a las niñas. En aquella penuria de familias pobres y numerosas las niñas son más vulnerables, si cabe, que los niños. Ellos, en caso de que alguien tuviera que ir al colegio, tenían preferencia. Podían incorporarse tempranamente al trabajo del campo; pero ellas pocas opciones tenían en aquellos años. La primera niña a la que acoge Laura recogía colillas para que su madre las vendiera, aunque el dinero conseguido no les llegaba para comer. Nos contó, poco tiempo antes de morir, que la primera noche que pasa con Laura, ésta le prepara un pobre catre y le confecciona un amplio camisón de dormir con una antigua máquina de coser (ésas de manubrio, que hoy son piezas de museo), que a la niña le hace mucha gracia por sus amplias mangas. Me parece un detalle entrañable… y femenino.

A lo largo de tanto años, Laura va a estar pendiente de sus niñas, les va a dar el beso de buenas noches, se va a levantar de madrugada  para la medicina, va a ocuparse de su comida, vestido, primera comunión; y, luego, cuando crecen, como es inevitable, del novio y de la boda, de los niños. En fin, asume el papel de una madre atenta a los detalles más pequeños. Laura es madre y, por tanto, mujer.

Además, una mujer que toma iniciativas por su cuenta; que hace todo tipo de gestiones; que  se mueve incesantemente para pedir, que recorre los caminos rurales con un borriquito recogiendo los alimentos que le dan la gente del campo. Dentro de la más estricta ortodoxia y obediencia, sin ningún rasgo de rebeldía, fue una mujer que asumió su papel de laica y de  miembro activo de la Iglesia con toda la energía que le proporcionaba su fe gigante y su confianza en la Providencia.

Por último, quiero destacar la importancia que Laura le da a la educación, aspecto tan relevante para la mujer en aquellos años. Educación que tiene, por supuesto, una dimensión espiritual, que es el fundamento de todo lo demás, pero también las labores y trabajos propios del ama de casa en los años 50, los buenos modales, tan importantes entonces para la integración social, la preparación académica. En cuanto a este  último aspecto, se preocupa de que aquellas niñas que pudieran hicieran el bachillerato; algunas, fueron a la universidad.

Su condición de mujer (y de madre) fue una dimensión importante de su persona y de su obra.  ¿Feminismo? Yo creo que algo anterior y más importante: la dignidad de la mujer asumida, desde siempre, por el Cristianismo.

¿Qué funda la Sierva de Dios Laura Aguirre?

Después de varios meses en Álora, Laura Aguirre acoge a un grupo de niñas a las que va a cuidar y educar. Esta labor comienza el 31 de diciembre de 1950 y no concluye hasta su muerte, justamente 38 años después, el último día de 1986. Ahora bien, ¿qué es lo que Laura funda?, ¿cómo llamar a esta institución?

Confieso que, a la hora de hablar o escribir sobre este tema, llegado  a este punto, más de una  vez me ha asaltado la duda. ¿Orfelinato, escuela, residencia, casa de acogida, albergue?  Ninguna de estas palabras termina de cuadrarme para definir la obra de la Sierva de Dios. En Álora a esta obra y al grupo de personas acogidas a la misma se le ha llamado siempre “las niñas de Laura”.  Es curioso que, incluso pasando los años, cuando estas mujeres ya tienen cumplida cierta edad nada juvenil, siguen siendo las “niñas”.  Es como un título vitalicio.

Laura cuida y educa a las niñas. Quizá la respuesta a mi pregunta pueda encontrarse en el concepto de educación. ¿Qué es educar para Laura Aguirre? ¿Qué se contiene en esa magnífica palabra, tan rica de historia, de interpretaciones, de matices?

En Laura Aguirre, que en cierta forma fue durante su vida una educadora, hay un concepto de educación que yo llamaría integral.

Primero, y básicamente, la educación tiene un sentido religioso. La fe cristiana es el fundamento de todo su proyecto de promoción humana. En su día a día, las niñas comienzan su jornada con una visita a la capilla, donde hacen un rato de oración; la terminan en el mismo lugar, con el examen de conciencia del día transcurrido.  Cada vez que Laura interviene con un consejo, con una enseñanza o una pequeña regañina lo hace dándole un sentido religioso, lo hace evangelizando, animando a la caridad, a la confianza en Dios, a la oración.

Educar también es transmitir conocimientos; lo que entendemos por un sentido académico, escolar por educación. Muchas de estas niñas acudieron a la escuela y aprendieron los conocimientos básicos  gracias a ella. Algunas hicieron bachillerato y unas cuantas llegan a tener estudios universitarios. Laura da una gran importancia a la formación académica.

La educación también alcanza las buenas formas, los modales, el aseo corporal y el cuidado de la ropa. Laura era una persona distinguida, educada, cuidadosa en sus modales y en la ropa, a pesar de la austeridad, atenta con todos; y esos  valores los transmite a sus niñas con la enseñanza y el ejemplo. También las tareas domésticas y las labores (coser, bordar)  eran importantes en la educación femenina de aquella época.

Hay otro aspecto no menos relevante: la dimensión afectiva, social; la forma de comportarse y orientarse en la vida. Una de las niñas, que estaba perdida por sus duras circunstancias personales y familiares, después de una intensa charla con Laura, encuentra la dirección correcta por la debe ir. Aquello cambia su vida.

A esta labor educativa en el amplio  sentido, se une el cuidado material: techo, comida, salud… Pasa por las noches para dar friegas a las niñas para que entren en calor. Cuando alguna está enferma,  se levanta a horas intempestivas para darles las medicinas. Una niña, de la últimas promociones, cuenta como sus  cuidados exhaustivos y sus conocimientos de enfermera (como tal  había ejercido en la guerra civil) prácticamente le salvan la vida.

Se cuida de la primera comunión de las niñas, de que tengan su  vestido y una celebración modesta. Incluso, después de que las niñas abandonaban la casa, seguían vinculadas a ella. Está presente en las bodas y a algunas las ayuda a tener una casa. Les busca un solar y ayuda para que la construyan. Algunas se quedan en la casa trabajando después de independizarse.  Muchas vuelven a colaborar o de visita. No pierden su vínculo con ella.

Si hubiera que resumir todo esto en una palabra, ésta no puede ser otra que “madre”. Laura es una madre para todas sus niñas. Muchas de ellas afirman que así lo sienten, que la Sierva de Dios fue “su madre”. Su impulso de caridad la lleva a una relación tan estrecha, tan profunda con sus niñas, que establece con ellas una especie de maternidad espiritual. Y vuelvo a la pregunta inicial: ¿qué funda Laura Aguirre? Funda una familia, una gran familia de cientos de hijas, sostenida a lo largo de muchas generaciones.

Se pone en marcha la comisión histórica de la causa de Laura Aguirre

En la mañana del  11 de diciembre de 2020, en el obispado de Málaga, se ha celebrado el acto de nombramiento y jura de cargos de los miembros de la Comisión Histórica de la causa de Laura Aguirre. El acto estuvo presidido por el Obispo de Málaga, D. Jesús  Catalá.

La Comisión está encargada de investigar y ordenar la documentación que está en poder de los promotores de la causa de una forma científica y rigurosa, de forma que, además de todos los testimonios de personas que conocieron a la Sierva de Dios o se encomiendan a ella, se cuente con datos objetivos sobre su biografía y  el contexto histórico.  Por ello, para este tipo de comisiones se busca a personas de reconocida solvencia académica.

La Comisión histórica de la causa de Laura Aguirre está compuesta por:

Dª Marion Reder Gadow, catedrática  de Historia Moderna de la Universidad de Málaga (jubilada) autora  de importantes trabajos de investigación.
D. Pedro Luis Pérez Frías, Teniente Coronel  en Reserva del Ejército de Tierra, doctor en Historia y autor de números estudios; especialista en historia militar y en historia de Málaga.
D. Álvaro Fernández García-Gordillo, Graduado en Ingeniería de la Construcción, Secretario  de la Asociación Probeatificación Laura Aguirre, persona muy vinculada al mundo cofrade y parroquial.

I Aniversario de la apertura de la causa de beatificación de la Sierva de Dios Laura Aguirre

El 7 de octubre de 2019 se abría oficialmente la causa de beatificación de la Sierva de Dios Laura Aguirre con una misa solemne en la Parroquia de la Encarnación de Álora. La fecha coincidió con el día de la Virgen del Rosario, devoción a la que era muy fiel la Sierva de Dios. En  el próximo miércoles 7 de octubre se cumple un año de esta fecha. Para conmemorar este hecho y dar gracias a Dios por los frutos de este año de desarrollo de la causa, celebraremos la eucaristía en la iglesia de la Veracruz, a las 19:00 h. Guardando las debidas precauciones, os animamos a todos a asistir y a que compartáis esta convocatoria.

La Sierva de Dios Laura Aguirre y la Divina Providencia

La Sierva de Dios Laura Aguirre (Madrid, 1901- Álora, 1986), cuya causa de beatificación sigue avanzando con paso lento pero seguro, tuvo como una de las constantes de su biografía y su labor, como uno de los fundamentos de su vida espiritual, la idea de Divina Providencia y su confianza en ella.

Por los testimonios de la gente que la trató, por los recuerdos de muchas personas sabemos que su abandono, su confianza en la Providencia fue una constante y un mensaje que ella continuamente transmitía, con su palabra y su ejemplo, a aquellos con los que convivía.

Desde su  llegada a Álora en 1950, hasta el final de su vida, en 1986, toda su labor va a tener un sentido rectilíneo, como un arco que dibuja una línea limpia y bien trazada. El punto firme que sostiene esta bóveda es la confianza en la Divina Providencia. Toda su labor en estos 36 años tiene como constante la carencia de recursos materiales, la falta de un local definitivo para su obra (lo que provocó sus continuos traslados), la falta incluso de un grupo estable de colaboradoras que pudiera llevar a cabo una labor tan compleja con un grupo de niñas que, desde el primer momento, va creciendo. Frente a estas carencias, estas dificultades que hubieran vencido a cualquiera, ella recurre a la confianza en Dios y en su Providencia, invocada, contemplada en una continua vida de oración. Esta confianza la convierte en una persona serena, sosegada que raramente parece inquieta ni pierde los estribos, aunque en su vida y sus circunstancias había muchas razones para perderlos.

Cuando comienza  su labor con las niñas no tiene nada (materialmente hablando). Le ceden el bajo de una casa en la parte antigua del pueblo y allí se instala con las 5 primeras niñas. Una testigo presencial cuenta que, al salir de misa (la casa estaba enfrente de una de las entradas de la Parroquia) fue a visitar el local con unas amigas y se quedó sorprendida de la pobreza que allí vio, de la escasez de muebles y enseres. Las camas eran unos pobres jergones de sayo echados sobre el suelo.

La Providencia, teniendo como medio a la buena gente del pueblo que colabora con su causa, hace que al grupo de niñas, que va a ir creciendo rápidamente, no le falte lo necesario, aun en su estilo de vida sobrio y en el contexto de una época de escasez general.

Su labor va  a estar siempre al filo de la necesidad, siempre sin saber qué va a pasar mañana. Se sostiene por pequeñas donaciones en especie (la gente del campo le aporta patatas, harina, fruta…)  o bien en dinero. Desde las familias más acomodadas del lugar, a la gente más humilde, cada cual según sus posibilidades, todos colaboran. Además, hay un grupo de mujeres que ayudan voluntariamente a los trabajos de la residencia: lavar, coser, cocina… Parece que la Providencia moviliza a todo el pueblo y los pone al servicio de la obra de Laura.

Contaré un par de anécdotas, de los muchos testimonios que han quedado en la memoria de la gente de Álora.

Estando en el santuario  de Flores, antiguo convento franciscano, Laura se dirige al pueblo, que está a un par de kilómetros, para  comprar comida para las niñas. Va con Trini, una chiquilla que suele acompañarla y llevan un borriquito que ha prestado un amigo, que les sirve como medio de transporte. Laura le confiesa a Trini que no llevan ningún dinero. Trini se pregunta, extrañada, que cómo van  comprar. Laura, como siempre, mantiene la serenidad y  la confianza. Cuando llegan al pueblo, Laura deja a Trini con el borriquito y entra a rezar en la iglesia de la Veracruz. Cuando sale, Trini pudo ver, asombrada, como un señor se acercaba a la Señorita Laura y le daba un donativo para sus niñas.

En otra ocasión, también en su época del convento de Flores, sus colaboradoras le dicen que no tienen nada de comida. Ella contesta con la frase que siempre repite: “Dios proveerá”. Luego se va a rezar al santuario. En poco tiempo, unas manos anónimas,  dejan en la puerta comida. Su sobrino Lorenzo Baquera, que estaba de visita en la residencia, es testigo de este hecho sorprendente.

Elige para su obra un nombre significativo, que habla por sí solo del talante y estilo de su vida: “Providencia Parroquial Virgen de Flores”. Parroquial porque ella nunca pretendió otra cosa que ser una modesta colaboradora de la Parroquia; la advocación mariana porque siempre estuvo acogida a la intercesión de la Madre, que en Álora toma el dulce nombre de Flores; y Providencia, que fue en ella una idea capital que le acompañó toda su vida como un manto protector. La actitud de la Sierva de Dios ante las necesidades y adversidades  me recuerda el comentario que hace el padre Royo Marín (en su obra La oración del Señor) sobre el Padre Nuestro. Pedimos “el pan nuestro de cada día”. Esto es, que se nos dé hoy lo que necesitamos; no la solución definitiva a nuestras necesidades materiales. “Hoy”, pero no “siempre”. Si hoy salimos del paso, ya tenemos lo suficiente para seguir adelante. Mañana, pasado, en el futuro… “Dios proveerá”.

Señorita Laura Aguirre, testimonio a imitar

23 de febrero de 2020, celebrarían el cumpleaños de la reconocida con cariño “Señorita Laura”. Quien habría nacido el 23 de febrero de 1901. Nuestra llegada el 18 de febrero del 2020, año de la pandemia del Sars Cov 2.0, quien iba a pesar nos tocara vivir el comienzo de esta situación mundial de salud, una pandemia. 

Comparto desde lo que las sensaciones me provocaron, ahora las hago consciente; quise llegar, como alguien sin piel, desollado, sentir, oír, ver, oler, gustar todo lo que me rodeara, y con ello, conocer y comprender lo que más pudiera. La impresión que tuve al saber de la “Señorita Laura” me dejó una grata sensación, los breves momentos, pero tan profundos, en la Eucaristía que presidió el padre Juan de Jesús Báez Torres, pude entender la profundidad y trascendencia que dejó impresa la alegría no solo de estar ahí los ancianitos y ancianitas de ser atendidos en esa casa de descanso, donde eran visitados por familiares y amigos, pues, por la pandemia se restringió esa posibilidad, sino del gusto, serenidad y gratos recuerdos a pesar de las dificultades enfrentadas en tiempos difíciles, ya que la Señorita Laura se confiaba en la Providencia, en la oración ante Jesús Sacramentado. 

Recuerdo a Pepita Bueno, quien falleció unas semanas después, con más de 100 años de edad, el gran gozo, de haber conocido a la Señorita Laura, todas las historias anecdóticas que habrá compartido todo el tiempo ahí, del testimonio de alegría, gozo y dificultad que habrían vivido al lado de la Señorita Laura. 

Leonardo de Jesús Hernández Morales, quien me acompañó, desde México, le toco convivir en el momento de las sopas perotas, y me compartió el gusto que se disfrutan al lado de los residentes de la Casa Providencia. 

María Ángeles López, nos mostró, el pequeño museo ubicado en el Santuario de Flores, donde se compila, tanto objetos como manuscritos de la Señorita Laura, en un proceso de catalogación. Entre los escritos hay signos de la buena administración de los recursos, además en una chalina de su pertenencia se encuentra un cabello, que podría ser considerada una reliquia de primer grado. 

Soy el presbítero Mariano Isaías Montiel Acosta, de la diócesis de Nezahualcóyotl, México. Tuve la oportunidad de ir a Álora a una experiencia pastoral por seis semanas, por la pandemia, estuvimos once semanas. Leonardo de Jesús Hernández se animó acompañarme. Llegamos el 18 de febrero y regresamos a México el 12 de mayo de 2020. Nuestra experiencia se enriqueció al conocer los sitios donde la Señorita Laura dejó su testimonio de vida cristiana que fue más allá del conocimiento de la fe y de la esperanza de las niñas que cuidó, el amor a Dios la mantuvo en pie en tan valiente tarea. Se le recuerda con alta estima y, se le imita, pues su motivo fue la certidumbre que en Cristo Jesús esta la felicidad plena. Tantas personas, hombres y mujeres le tienen muy presente y devoción. 

Que por su intercesión esta comunidad parroquial no solo sepa de ella, sino mantenga en sus sentimientos de cariño cristiano que tuvo a las niñas la Señorita Laura y sea motivo de continuidad como me lo han dejado ver en su devoción en la Semana Santa, que se vivió en cada hogar acompañados de los Santos Oficios por Don Juan de Jesús Báez Torres, un servidor y Leonardo de Jesús quien se encargó de la transmisión por el facebook parroquial a todos los hogares en el confinamiento por el llamado Coronavirus 19. 

Que el reconocer las virtudes de la Señorita Laura Aguirre nos haga mejores cristianos.
Que la Señorita Laura Aguirre interceda para que los niños y niñas conozcan del amor de Dios.
Que el pueblo de Álora tenga una Santa, la Señorita Laura Aguirre.
Para la gloria de Dios y bien de nuestros pueblos.

En Jesús que nos une. 
Pbro. Mariano Isaías Montiel Acosta

Cómo era Laura Aguirre. Perfil psicológico y personal

¿Cómo era la Sierva de Dios Laura Aguirre, según los recuerdos y testimonios de los que la conocieron y trataron?

Era, de entrada, una persona correcta, seria, educada. Se le notaba la distinción y la cultura, aunque ella no hiciese ostentación de esto. Este tratamiento de “señorita” que la gente de Álora le da espontáneamente  y que todavía mantiene indica como se la consideraba un persona socialmente distinguida.

Cuidadosa con su ropa y con sus objetos de uso, aunque fuesen viejos y deteriorados. Uno de los testigos cuenta como reparaba sus viejos zapatos poniendo un trozo de cartón como suela. En las fotos que conservamos siempre tiene un aire distinguido aunque lleve ropas viejas y desgastadas. Tenemos testimonios de que ella arreglaba, lavaba y se ocupaba de su ropa, así como de su habitación y de sus enseres.  Cubierta con su vieja toquilla y con ropas que tenían un largo uso parecía una persona que destilaba distinción  y una cierta elegancia.

Daba siempre sensación de tranquilidad, de paz, de no tener prisa. Muchos de los que la conocieron repiten la palabra “dulzura”. Mantiene la serenidad en los momentos difíciles que, a lo largo de su vida, son muy numerosos.

Otro rasgo que siempre la caracterizó es la modestia, la humildad. Suele situarse en segundo plano, sin tomar protagonismo. Un dato curioso es que, revisando las fotos de la inauguración de la residencia, no aparece ella que, de alguna forma, era la protagonista del acto. Cuando la cofradía de Dolores la nombre camarera de honor, ella dice que no sabe cuál va  a ser su función. Los hermanos de la cofradía le contestan con que basta con que acuda cada año a ver a la Virgen antes de su salida procesional; entonces ella le contesta que lo que hará será rezar por ellos, ya que “es lo único que sé hacer bien”.

Transmitía cariño. Una de sus “niñas” dice que hablando con ella se sentía escuchada, se sentía como una persona a la que se tiene en cuenta. Sin embargo no era lo que se entiende por una persona expresiva o zalamera. Era raro que se acercara a besar o abrazar a alguien.

No era dada a expresar sus sentimientos de forma ostensible. Algunas de sus niñas cuentan que sólo la vieron una vez llorar, cuando se le comunicó que el convento de Flores no era para su obra, sino para la escuela de magisterio rural.

Cabe decir, después de recibir el testimonio de muchos testigos, que Laura era una persona que poseía eso que llamamos carisma. Hay, en efecto, personas que poseen algo difícil de definir y que atrae a los demás, lo hace objeto de la confianza y estimación de los demás. Hay personas que son seguidas, imitadas; que tienen capacidad de movilizar  a sus semejantes en cierta dirección. Trazan el camino por el que los demás transitan.

TNC cuenta como ella, siendo una niña pequeña, se sintió atraída por Laura . Iba a misa para verla allí.  Se acercaba a ella, intentaba hablarle. Dice que quería estar con ella, “ser como ella”. Era su modelo. Por esta causa, pide a sus padres permiso para entrar e el colegio. Se trata de una de las pocas niñas, quizá la única, que ingresó en el colegio de forma voluntaria, por propia iniciativa.

DRF cuenta una historia que tiene con la anterior algunos puntos comunes. Su abuela era amiga y colaboradora de Laura. Acude algunas tardes al colegio y tiene con ella un rato de charla. A ella le encantaba ir con su abuela  por ver a Laura, por estar cerca de ella. Recuerda que para ella era una sensación grata. El roce con su cara le producía una sensación de ternura, de suavidad que no ha olvidado.

Hay en el carisma un innegable factor físico. Las personas carismáticas  transmiten su “magia” con la presencia, con el roce. JDB, siendo un niño iba al santuario de Flores de la mano de Laura y hoy, más de 60 años después, recuerda el tacto de su mano delgada y huesuda; lo recuerda como una viva impresión.

Existen varios testimonios de personas que la besaron después de muerta.  AMC cuenta como no besó a su madre y sí beso el rostro sin vida de la Señorita Laura.

La persona carismática sabe trasmitir confianza en los demás. AMC se extraña de que su padre, que tenía ascendencia gitana y un concepto muy marcado de la familia, confiara en Laura entregarle la educación de varias de sus hijas. MB, una trabajadora de la casa, tuvo varias veces la tentación de abandonar el trabajo, acuciada por los problemas que provocaban las niñas. Laura la convencía con suavidad. Le decía: ¿Dónde vas a hacer tú un servicio como aquí? ¿Dónde vas a hacer tanto por los demás? Al final, siempre terminaba convenciéndola con dulzura, con suavidad, sin grandes aspavientos.

Desde un principio el proyecto de Laura se mantiene por la ayuda de muchas personas que hacen pequeñas aportaciones. Hay colaboradoras que iban, casa por casa, pidiendo alguna ayuda. MJB cuenta que en ninguna casa le ponían mala cara. La  gente daba lo que podía, que en aquella época solía ser poco, incluso en zonas pobres del pueblo. Hasta personas de conocida ideología izquierdista y anticlerical tenían una buena opinión de Laura y colaboraban con el colegio.

Toda su obra se basa, desde un punto de vista espiritual, en la confianza en la Providencia y el servicio a los demás. Desde el punto de vista humano, es el carisma personal lo que mantiene su proyecto en pie. Y subrayo lo de “personal”. Aunque tiene un grupo de colaboradoras beneméritas, que trabajan con ella estrechamente y con abstracción, en todo momento se establece una clara diferencia entre ellas y Laura. Algunas de las niñas confiesan: “La señorita X era muy buena, yo la quería mucho, pero… no era igual que Laura; ella era era otra cosa”.

Quizá este personalismo, esta centralidad de su carisma provoca que su obra, desde el punto de vista institucional no tiene continuidad. La Pía Unión que ella funda, se extingue cuando muere la señorita Socorro Ruiz, que fue su segunda superiora. La Pía Unión llega a tener un reducido número de colaboradoras y no hubo nuevas incorporaciones. Al final de su vida, el proyecto de las niñas es sustituido por el de los ancianos. Hay un enorme contraste con la profunda huella que dejó en muchas personas (influencia espiritual, educativa, material) y el corto recorrido de su proyecto institucional. Su carisma personal sostenía el proyecto  y, sin él, no pudo continuar, aunque sí continúe hasta hoy la onda expansiva de su santidad en tanta gente que la trató, aunque sí siga germinando en tantas almas esa semilla plantada por ella.

Celebración del nacimiento de Laura Aguirre

La Sierva de Dios Laura Aguirre nació en Málaga el 23 de febrero de 1901.  De esta efemérides hace 119 años. Recordando esta acontecimiento, cada año en la Residencia Virgen de Flores, que ella fundara con ayuda de todo el pueblo, se comemora esta fecha.

Primero se compartió una sencilla comida entre los residentes y colaboradores: las sopas perotas, típico plato del lugar. Junto con residentes y colaboradores, los miembros de la Asociación y algunas de la “niñas” de Laura, tuvimos un rato de agradable convivencia y charla, donde no faltaron los recuerdos y, por supuestos, los proyectos que queremos abordar en este año que comienza.

A las 17.00 h. celebramos la eucaristía en la capilla de la residencia.  Presidió D. Juan de Dios Torres, párroco de Álora y director espiritual de la Asociación y concelebró D. Mariano Isaías Montiel Acosta, sacerdote de la diócesis mexicana de Netzahualcoyotl. En el momento previo, la vicepostuladora Ángeles López Gutiérrez depositó, en nombre de todos, un ramo  de flores delante de la tumba de la Sierva de Dios, que se  encuentra a la izquierda del altar de la capilla.

Son varios los años en los que se celebra este acto conmemativo, este este 2020 ha tenido una significación especial, al ser el primero después de la apertura de la causa de beatificación.

Conmemoración del XXXIII Aniversario de la muerte de Laura Aguirre en el Santuario de Flores

En último día del año 1986, en la Providencia Parroquial Virgen de Flores que ella fundara, entregó su alma al Señor la Sierva de Dios Laura Aguirre (Señorita Laura), después de una vida de sacrificio y servicio a los demás. Muchos años antes, el último día del Año Santo de 1950, comenzaba su labor con las “Niñas”.  Se trata, pues, de una fecha muy importante en su biografía.

Para conmemorarla, dar las gracias a Dios por la apertura de su causa y pedir su intercesión, La Asociación Probeatificación Laura Aguirre, junto con la Parroquia de Álora y la Hermandad de la Virgen de Flores (patrona de Álora) ha organizado una eucaristía, que se ha celebrado en la ermita de la Virgen de Flores. La Sierva de Dios tuvo una estrecha relación con este lugar, ya  que en el antiguo convento franciscano que había anexo a la ermita vivió con sus niñas varios años. Ella sin duda desarrolló una gran devoción por esta advocación mariana y, según cuentan muchos testigos, pasó delante de la Virgen muchas horas de oración; a veces aprovechando la noche, cuando todas descansaban. Luego, para la residencia que se construyo para su obra, eligió el nombre de Providencia Parroquial Virgen de Flores. A pesar de la fecha festiva y del mal tiempo, la ermita, que se encuentra a 2 kilómetros del núcleo urbano, estaba repleta de personas. Este XXXIII tiene para todos algo especial, ya que es el primero que se celebra después de la apertura de su causa.

Una anécdota de la Srta. Laura

Laura Aguirre Hilla (la Señorita Laura) es una malagueña ilustre y, todavía, desconocida por muchos, nacida en Málaga en 1901 y fallecida en la ciudad malagueña de Álora en 1986. ¿Ilustre por qué?, se preguntarán muchos lectores. ¿Esta señora fundó alguna institución importante, escribió libros, atesoró un gran patrimonio, ocupó puestos relevantes? Nada de eso. Esta mujer pasó los casi 85 años de su existencia terrena sin hacer ruido, ocupando siempre el lugar menos ostentoso y yo diría -por lo qué cuentan los que la conocieron- sin levantar la voz ni perder la compostura. Y, sin embargo, dejó en los demás la impresión de esa cualidad difusa, pero impactante y misteriosa, que llamamos santidad. Por ello el Obispado de Málaga abre su causa de beatificación el 7 de octubre de 2019, día de la Virgen de Rosario, práctica piadosa de la que ella era tan devota.

Voy a contar una anécdota de la Sierva de Dios (ahora podemos llamarla así), que creo la retrata bien.

Laura acostumbraba a viajar frecuentemente a Málaga desde Álora, donde tenía su escuela de niñas. El motivo de tales viajes era recaudar fondos para sus niñas. Laura visitaba a sus familiares y amigos, gente acomodada, y los invitaba a compartir con caridad; o, dicho en términos profanos, les “daba un sablazo”.

Un día iba a Málaga acompañada por María,  una fiel  colaboradora. Hacían su viaje en tren. La Señorita Laura llevaba unos zapatos desvencijados, aunque limpísimos, que ella misma, como cuenta María, había reparado poniendo unos cartones a modo de suelas. Los pobres zapatos dejaban pasar la humedad y el frío y los cartones, mojados por el suelo húmedo, comenzaban a deshacerse. Un señor que sube detrás de ella al tren se ha dado cuenta. Se dirige a ella y tienen un diálogo que  según su colaboradora,  debió de ser algo así:

– Señorita Laura, ¿cómo lleva usted estos zapatos? Va a coger una pulmonía.
– No se preocupe usted, estoy bien.
– Pero, ¿no tiene usted para comprarse unos zapatos?
– Necesito el dinero para las necesidades de mis niñas; mis zapatos pueden esperar.
– Me va a usted permitir que le dé esto, para que se compre unos zapatos.

El buen señor saca de su cartera un billete de mil pesetas (lo que en aquella época era una cantidad nada despreciable) y se lo entrega a Laura. Ella, abrumada, al final lo acepta (seguramente pensando en que se lo iba a gastar en sus niñas).

María, la acompañante de Laura, que ha observado con asombro la escena, le pregunta al señor que quién es, a quién tienen que agradecer el detalle. El señor le contesta que se llama Tomás García, que es de Álora, aunque ha vivido mucho tiempo fuera, que es comunista (“un hombre muy malo, según dicen”, recuerda María que dijo) y que, además, tiene una hermana monja. No sabemos a Laura, pero a María el nombre de Tomás García le era desconocido.

Se trataba de Tomás García García, el abogado y político de Álora, diputado por Málaga, uno de los redactores de los Pactos de la Moncloa  y Consejero de la Junta de Andalucía en el gobierno preautonómico; recibe importantes distinciones, entre ellas la Medalla de Plata de Andalucía.  Cuando se retira de la política pone en marcha, en Álora,  la fundación que lleva su nombre, hoy desgraciadamente desaparecida.

Que dos aloreños tan ilustres y tan distintos coincidieran, que dos trayectorias vitales tan dispares se cruzaran en un momento, era inesperada y casi irrepetible casualidad. La Señorita Laura seguramente pensó que era “providencial”.